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Encontraste un alma

Poesía completa

Edición bilingüe

 

 

Prólogo de Elena Medel

 

 

 

Edith Södergran

 

 

 

019

 

Título original: Samlade dikter

 

La traducción de esta obra se hizo posible gracias al apoyo de

FILI — Finnish Literature Exchange

 

© Del prólogo: Elena Medel

© De la traducción: Neila García Salgado

Edición en ebook: diciembre de 2017

 

© Nórdica Libros, S.L.

C/ Fuerte de Navidad, 11, 1.º B 28044 Madrid (España)

www.nordicalibros.com

 

ISBN DIGITAL: 978-84-16830-79-4

 

Diseño de colección: Filo Estudio

Corrección ortotipográfica: Victoria Parra y Ana Patrón

Maquetación ebook: Mandala Estudio - emicaurina@gmail.com

 

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

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Índice

 

 

PORTADA

ENCONTRASTE UN ALMA

CRÉDITOS

ÍNDICE

BUSCABAS UNA FLOR Y ENCONTRASTE UN FRUTO

ENCONTRASTE UN ALMA

Poemas (1916)

VI UN ÁRBOL

EL DÍA REFRESCA

LA VIEJA CASA

NOCTURNO

UN DESEO

DÍAS DE OTOÑO

TÚ, QUE JAMÁS HAS SALIDO DE TU JARDÍN

YO

UNA FRANJA DE MAR

DIOS

ATARDECERES VIOLETA

SUEÑOS INQUIETANTES

VIERGE MODERNE

EL DESEO DE LOS COLORES

HACIA CADA UNO DE LOS CUATRO VIENTOS

NUESTRAS HERMANAS LLEVAN ROPA ABIGARRADA

LA ÚLTIMA FLOR DEL OTOÑO

LAGO PÁLIDO DEL OTOÑO

BLANCO O NEGRO

OTOÑO

LAS ESTRELLAS

DOS POEMAS DE PLAYA

EN LA VENTANA UNA VELA

NUBES ERRANTES

EL LAGO DEL BOSQUE

LA NOCHE ESTRELLADA

PALABRAS

EL CAMINO HACIA LA FELICIDAD

OSCURIDAD DEL BOSQUE

EN LOS VASTOS BOSQUES

GATO DE LA FORTUNA

RADIANTE HIJA DEL BOSQUE

NOSOTRAS LAS MUJERES

AMANECER TEMPRANO

PRIMAVERA NÓRDICA

EL JARDÍN DE LAS PENAS

EL MAR EXTRAÑO

AL PIE DE LA ORILLA

EL CANTO EN LA MONTAÑA

ATARDECER

LAS TIERRAS EXTRAÑAS

NO DEJES QUE CAIGA TU ORGULLO

DOS DIOSAS

UN PÁJARO PRESO

DESPEDIDA

UN CONSEJO

PENAS

MI ALMA

AMOR

EL ESPEJO DEL POZO

LA CANCIÓN DE LAS TRES TUMBAS

EL ÁRBOL EXTRAÑO

DOS CAMINOS

TRES HERMANAS

CREDO CRISTIANO

BELLEZA

LA PENA DEL REY

LA HERMANA DE LA VIDA

DEL CUENTO DE LILLIPUT

A LA ORILLA

LA VIDA

EL INFIERNO

EL ALMA QUE ESPERA

EL DOLOR

La lira de septiembre (1918)

NOTA INTRODUCTORIA

EL TRIUNFO DE EXISTIR

A UNA MUJER JOVEN

ATARDECER

JACINTOS FUERTES

HALLAZGO

¿QUÉ ES MAÑANA?

LA MUERTE DE LA DONCELLA

EL VIEJECILLO

EL ÁRBOL EN EL BOSQUE

GRIMACE D'ARTISTE

EL TORO

ORACIÓN

OH, CUMBRES MÍAS ROJAS COMO UN ATARDECER EN LLAMAS...

EL MUNDO SE BAÑA DE SANGRE

LA TORMENTA

PASEO AL ATARDECER

EL SECRETO DE LA LUNA

LA CANCIÓN DE LA NUBE

LA VORÁGINE DEL DELIRIO

PAISAJE EN EL OCASO

REVANCHA

EL CASTILLO DEL HADA

LAS HUELLAS DE LOS DIOSES

LA ROSA DE LA MADRE DE DIOS

LA LIRA DE LOS DIOSES

LA CONDICIÓN

DIOS AÚN ESTÁ DESPIERTO

EL ESPÍRITU DEL APOCALIPSIS

EL TREN BLINDADO

DESPREOCUPADA

LOS TRENES DEL FUTURO

ESPUMA

CAMPOS DE LUZ

JUNTO A LA TUMBA DE NIETZSCHE

EL DIOS MÁS BELLO

NO COLECCIONÉIS ORO Y PIEDRAS PRECIOSAS

EL AMANECER

SI SOY UNA MENTIROSA

EL DISTINTIVO

EL CANTO DEL TROVADOR

MI LIRA

¿POR QUÉ SE ME DIO LA VIDA?

FRAGMENTO

ORFEO

ESPERANZA

El altar de la rosa (1919)

I

EL CAMINO HASTA LOS CAMPOS ELÍSEOS Y EL HADES

PRIMERO QUIERO ESCALAR EL CHIMBORAZO

EN LA HAMACA DE LAS HADAS

MIS FLORES ARTIFICIALES

LA TORMENTA

LA MARCHA DEL TERROR

SISTEMAS SOLARES TUVE QUE CRUZAR A PIE

LOS PENITENTES

A LOS FUERTES

EL CÁLIZ DEL SUFRIMIENTO

LA TIERRA SE VOLVIÓ UN MONTÓN DE CENIZ

CASTILLOS DE CUENTO MÍOS

¿DÓNDE HABITAN LOS DIOSES?

EL LAMENTO DE LA HERRAMIENT

QUE VIENEN LOS DIOSES

METAMORFOSIS

EL HECHIZO

EN LAS ESCALERAS DEL HIMALAYA

LA CANCIÓN DEL OCÉANO

PREGUNTA

LAS ANTORCHAS

LA ESTATUA DE LA BELLEZA

EL CÍRCULO

EL MÁRTIR

II. FANTASTIQUE

CARTAS DE MI HERMANA

EN LA OSCURIDAD

CREO EN MI HERMANA

TODOS LOS ECOS DEL BOSQUE

LA HERMANA

LO INDECIBLE VIENE DE CAMINO HACIA NOSOTRAS

LA HIJA DE DIOS

HERMANA, HERMANA MÍA

III

FRAGMENTOS DE UN ESTADO DE ÁNIMO

LA HORA DEL SACRIFICIO

SCHERZO

ROSAS

Observaciones diversas (1919)

La sombra del futuro (1920)

SE ALZAN LOS PLANETA

EL MISTERIO

TOLERANCIA

PODER

UN VIEJO SOBERANO

ESTRELLAS HOSTILES

FIGURAS DEL CREADOR

PERFIL DE WALLENSTEIN

PULULAN LAS ESTRELLAS

LOS PLANETAS

La sombre del futuro

LA SOMBRA DEL FUTURO

TÚ, EL GRAN EROS

¿QUÉ ES MI PATRIA?

DICHA

TÁNTALO, LLENA TU CÁLIZ

LA CORONA PERDIDA

EL TEMPLO DE EROS

EL SOL

LA RED

EL MISTERIO DE LA RESURRECCIÓN

El cetro de la reina de las hadas y otros poemas

EL CETRO DE LA REINA DE LAS HADAS

LA CASCADA

EL SECRETO DE EROS

EROS RECREA EL MUNDO

EL RAYO

INSTINTO

SOLEDAD

EL CUERPO DEL FUERTE

NOCIÓN

AL SALIR EL SOL

OH, TÚ, AMPLITUD DE MI CORAZÓN

MATERIALISMO

ÉXTASIS

HAMLET

EL JACINTO

CUATRO POEMAS PEQUEÑOS

HIMNO ANIMAL

SOL

DETERMINACIÓN

EL ANSIA DEL RELÁMPAGO

EL GRAN JARDÍN

LA ESTRELLA

PENSAMIENTOS SOBRE LA NATURALEZA

La tierra que no es (1925)

I. Poemas tempranos

VERANO EN LAS MONTAÑAS

LA ROSA

VISITA A UNA ENFERMA

EL RETRATO

UN ENCUENTRO

MADONA NOCTURNA

SOBRE EL OTOÑO

SUEÑOS PELIGROSOS

LA NOVIA

A EROS

LA PRINCESA

MI FUTURO

DÍAS ENFERMOS

NADA

UNA VIDA

EL MILAGRO

II. Poemas de 1919 a 1920

CAUTIVERIO

NOCHE DE CORAZÓN PÁLIDO

VIDA, MUERTE Y DESTINO MÍO

III. Últimos poemas

LA CÍNGARA

LOS ÁRBOLES DE MI INFANCIA

LA FANTASÍA DEL CEMENTERIO

OH, CLARIDAD CELESTIAL

VUELTA A CASA

LA LUNA

MAÑANA DE NOVIEMBRE

POEMA

LA TIERRA QUE NO ES

LLEGADA AL HADES

NOTA DE LA TRADUCTORA

Contraportada

BUSCABAS UNA FLOR Y ENCONTRASTE UN FRUTO

Elena Medel

Un árbol es un árbol es un árbol; de esta forma, replicando la estructura célebre de Gertrude Stein, acotaríamos la poética de Edith Södergran. En ella un árbol es un árbol es un árbol, y un árbol —o un gato o una estrella, por fijarnos en varias presencias constantes libro a libro— se nombra «árbol» con la voz directa y con la voz clara, pero ensancha la imagen que se nos dibuja al pronunciarla. Porque el árbol de Södergran significa «el árbol», el gato significa «el gato» y la estrella significa «la estrella», y, sin embargo, al escribirlos ella y pronunciarlos nosotros el lugar que ocupan se amplía, y el árbol significa «el árbol» y al mismo tiempo «la felicidad», al mismo tiempo «la poesía», al mismo tiempo «Edith Södergran». Su propia escritura la resumiría esa vista primera: un tronco común —su propia biografía— desde el que se bifurcan las ramas de la identidad, del origen o del lenguaje. Una propuesta que crece hacia la luz, aunque en ocasiones —un árbol es un árbol es un árbol— una sombra la oscurezca.

Los dos aspectos más poderosos de cuantos aúpan su obra se vinculan con intensidad a la propia biografía de la autora. Pese al tono íntimo de su discurso, pese a la agudeza de Edith Södergran en la reivindicación de lo pequeño —«De todo nuestro mundo bañado de sol / no deseo más que un banco de jardín / con un gato tomando el sol»—, la capacidad para el análisis y la voluntad para la reflexión terminan orillando al factor confesional, y presentan el decir de la experiencia como herramienta, y no como objetivo. Las circunstancias de Södergran —que Neila García explica en su nota, tan iluminadora como su traducción: exilio geográfico y lingüístico, enfermedad, condición y conciencia femeninas— se reflejan en los poemas, sin contarse ni cantarse. La escritura genera identidad, y desde esta certeza se forja su poesía.

Esos conflictos entre la identidad propia y las actitudes impuestas, esa necesidad de subrayar los rasgos de la individualidad frente a la masa social, los aborda Södergran con sutileza aunque desde actitudes diferentes. «¿Dónde está mi sonora risa de soltera, / mi libertad de mujer con la cabeza bien alta?», se pregunta. El más llamativo —por su modernidad— revela cierto discurso no sé si ya feminista, sí desde luego interesado en el poder de la sororidad. Sus poemas los guía una voz femenina que no oculta su género —pese a ese inquietante «No soy una mujer. Soy un neutro», que leemos en «Vierge moderne»— y que asume que, si en todo caso pertenece a un grupo, y si en todo caso renuncia a sí misma para integrarse en la sociedad, lo hará con y por las mujeres. «Bellas hermanas, venid hasta las rocas más abruptas,/ somos todas guerreras, heroínas, amazonas (...)», escribe en el poema «Atardeceres violeta», que anticipa las posteriores alusiones a las «hermanas» «nuestras» «mías» o a «nosotras las mujeres», e incluso la declaración «no quiero alejarme de vosotras» ante la disyuntiva —en un poema de amor— de marchar junto al hombre o permanecer junto a las mujeres. Södergran vive y escribe en las primeras décadas del siglo xx, las de las grandes conquistas sobre las que se asentará la independencia femenina, y en sus poemas —en especial en los de su primera obra, salvo «Un encuentro» en La sombra que no es— late esa necesidad de afrontar los días junto a quienes deben callar como ella, pero anhelan que su voz suene más alto.

Esa tensión entre la imagen de una misma que se refleja en los demás, y la imagen a la que los demás nos obligan, alcanza una complejidad deliciosa —gracias a la inteligencia de los poemas de Södergran, siempre hábil en el silencio y el espacio para el lector— en la cuestión lingüística. Después de ensayar en otros idiomas —existen tanteos poéticos de adolescencia en alemán, francés y ruso—, Edith Södergran elige el sueco para su escritura. No se trata de su lengua de educación, sino de la de familia, por lo que carece de rudimentos para expresarse con corrección. Con esta decisión casi política se dirige a una minoría lectora en Finlandia, de la que se reconoce parte, y se dirige no a los lectores de su tiempo, sino a los de generaciones posteriores. Lo admite en la «Nota introductoria» a La lira de septiembre: «La seguridad que tengo en mí misma se debe a que [he] descubierto mis dimensiones. No me conviene hacerme menos de lo que soy».

Este breve texto funciona como poética y revela la conciencia del discurso propio en la obra de una autora que, por otra parte, elude el tema de la escritura misma. Frente a la relevancia de la lengua —y su dimensión ideológica— en sus poemas, la expresión de pertenencia a una tradición determinada guarda más relación con la del lugar propio en la historia —como integrante de una familia adinerada que lo perdió todo en la Revolución rusa: un hecho que transforma su biografía, pero que se trata de puntillas en su poesía, despojada de nombres, fechas y recuerdos sin literaturizar— que con la del lugar propio en la historia de la literatura. Plantea —y contesta— en uno de los poemas de La sombra del futuro: «¿Qué es mi patria? ¿Es la lejana Finlandia, salpicada de estrellas? / Qué más da». Quizá por la horma que escoge para sus textos, quizá por el choque entre la influencia posromántica —en el uso de los elementos de la naturaleza, en la visión de las relaciones— y el contacto con las vanguardias —en el dominio del símbolo como gran recurso formal de su poesía—, Edith Södergran no escribe ignorando a quienes la precedieron, no escribe desdeñando a quienes la acompañaban —pese a su relación difícil con sus coetáneos, autores y lectores—, pero desde sus textos iniciales asume que el diálogo con los lectores no prenderá hasta próximas generaciones.

¿Cómo recibirían sus coetáneos unos textos que se alejan de los temas populares del momento, y en cierto modo abren camino mirando atrás? A Edith Södergran le preocupan la búsqueda de la felicidad y el logro de la belleza, el tono agridulce de los gestos; desde La lira de septiembre la presencia religiosa en el día a día, con referencias constantes a Dios y su figura redentora y sanadora. Desliza su misantropía —y su confianza divina— en La lira de septiembre: «No creo en las personas. / Y si no creyera en Dios / habría partido mi lira en pedazos». Más cercana a la filosofía que a la poesía, la autora traza un círculo y plantea al lector una escapatoria difícil. «Cuando viste el rostro de la felicidad te sentiste decepcionado», y lo advierte en uno de sus primeros poemas a quienes la persiguen, aunque en La sombra del futuro matiza su consejo: «¿Cómo puede caber tanta felicidad en un pecho? / es el único interrogante en mi filosofía».

Södergran escribe, pese a todo. Unas veces «retales, migajas, / trozos de papel del día a día», y otras textos surgidos de un cuerpo como «un misterio. / Mientras esta cosa frágil viva / habréis de conocer su poder. / Habré de salvar el mundo». No se trata la suya —libro a libro, cada uno de ellos con una vocación unitaria— de una escritura urgente y visceral, como digo, sino que la poética de Södergran se teje a campo abierto: sin dogmas, brindándonos impulsos para reflexionar, priorizando la impresión frente a la certeza. «Árbol» significa «árbol», significa «estado del alma», significa «conversación entre la autora, con sus coordenadas, y el lector, con las suyas propias». Sin alusiones explícitas, toda su escritura constituye una invitación a que respondamos a sus indagaciones. Y se teje —una vez más— aprovechando distintas vetas formales. En su escritura domina el texto breve, en piezas que califica de «poemas pequeños» o «cancioncillas», quizá provocando con sus diminutivos la complicidad al otro lado de la página; en ellos rehúsa el desahogo y en muchas ocasiones ensaya la narración moral. Llaman la atención —por su ambición distinta— los extensos poemas narrativos, y también la respiración aforística de conjuntos como Observaciones diversas o Pensamientos sobre la naturaleza, de fuerte vínculo entre poesía y pensamiento: «El sonámbulo va a la lotería para llevarse el gordo», brilla en uno de ellos.

La modernidad de Edith Södergran, con ella su vigencia y su interés hoy, se plasma en esa correspondencia entre discurso temático y discurso formal: qué dice, cómo dice. Dice también la manera en la que se oscurece su escritura, cada vez más áspera y siempre libre de rima y de métrica, y la forma obvia en la que sus temas se empañan conforme el tiempo transcurre sin esperanza, mientras su salud se agrava. ¿Buscaba esa esperanza, la buscábamos? ¿Qué buscábamos al acercarnos a la poesía de Edith Södergran, y qué hemos encontrado tras leerla? Ella misma nos responde en «El día refresca», uno de los poemas iniciales de su primer libro: «Buscabas una flor / y encontraste un fruto. / Buscabas una fuente/ y encontraste un mar. / Buscabas una mujer / y encontraste un alma / estás decepcionado». Quizá los prejuicios nos forjaran una imagen equivocada de una escritora de principios del siglo xx, quizá al identificar ciertas recurrencias —árbol, gato, estrella— erigiéramos un cliché. Buscábamos una flor a la que admirar, frágil y por ello incómoda para el roce, y encontramos un fruto maduro: el de una escritora inteligente, conocedora de su oficio, que en menos de una década no rechazó temas incómodos e inéditos en su lengua, que estrechó lazos entre lo personal y lo político, que levantó su propio discurso y lo reivindicó en años hostiles. Fruto y mar, alma y árbol, Edith Södergran fue Edith Södergran fue Edith Södergran.

ENCONTRASTE UN ALMA

POEMAS


(1916)

VI UN ÁRBOL


Vi un árbol más grande que todos los demás

y repleto de piñas inalcanzables;

vi una iglesia grande y con las puertas abiertas

de la que todos salían fuertes y pálidos

y listos para morir;

vi a una mujer que sonriente y maquillada

jugaba su suerte a los dados

y vi que perdía.

En torno a aquello se dibujaba un círculo

que nadie traspasa.

EL DÍA REFRESCA


I

El día refresca hacia el atardecer…

Bebe el calor de mi mano,

mi mano tiene la misma sangre que la primavera.

Toma mi mano, mi pálido brazo,

toma el deseo de mis hombros menudos…

Sería asombroso sentir,

una sola noche, una noche como ésta,

el peso de tu cabeza contra mi pecho.

 


II

Lanzaste la rosa roja de tu amor

a mi pálido vientre —

y entre mis manos ardientes estrecho

la rosa roja de tu amor que pronto se marchita…

Oh, soberano de ojos gélidos,

tomo la corona que me alcanzas,

que me dobla la cabeza hacia el corazón…

 


III

Hoy vi a mi señor por vez primera,

temblorosa lo reconocí al instante.

Ya siento su pesada mano en mi delicado brazo…

¿Dónde está mi sonora risa de soltera,

mi libertad de mujer con la cabeza bien alta?

Ya siento cómo agarra con firmeza mi cuerpo estremecido,

ya oigo el estruendo de la realidad

contra mis frágiles frágiles sueños.

 


IV

Buscabas una flor

y encontraste un fruto.

Buscabas una fuente

y encontraste un mar.

Buscabas una mujer

y encontraste un alma —

estás decepcionado.

LA VIEJA CASA


Así ve una mirada nueva los viejos tiempos

como extraños sin corazón…

Ansío mis viejas tumbas lejanas,

mi triste grandeza llora lágrimas amargas

que nadie ve.

Sobrevivo en la dulzura de los viejos tiempos

entre extraños que levantan ciudades nuevas

en colinas azules que se alzan hasta el borde del cielo,

hablo en voz baja con los árboles cautivos

y a veces los consuelo.

Qué despacio desgasta el tiempo la esencia de las cosas,

y qué callados pisan los firmes talones del destino.

¡He de esperar a la muerte apacible

que traerá libertad a mi alma!

NOCTURNO


Claro de luna, brillo de plata,

oleaje azul de la noche,

olas refulgentes, incontables

una detrás de otra.

Las sombras caen sobre el camino,

en la playa lloran en voz baja los juncos

y gigantes negros custodian su plata.

Silencio profundo en mitad del verano,

duerme y sueña, —

la luna resbala sobre el mar

blanca y tierna.

UN DESEO


De todo nuestro mundo bañado de sol

no deseo más que un banco de jardín

con un gato tomando el sol…

Ahí estaría sentada

con una carta sobre el pecho,

una única carta breve.

Así es mi sueño…

DÍAS DE OTOÑO


Los días de otoño se dibujan transparentes

sobre el manto dorado del bosque…

Los días de otoño sonríen al mundo entero.

Qué agradable conciliar el sueño sin deseo,

saciado de flores y fatigado de verdor,

y que en el cabecero luzca una guirnalda de vid roja…

El día de otoño carece ya de anhelo,

sus dedos son de un frío implacable,

y en sus sueños se ve por todas partes

cómo caen copos blancos incesantes…

TÚ, QUE JAMÁS HAS SALIDO DE TU JARDÍN


Tú, que jamás has salido de tu jardín,

¿alguna vez te has quedado anhelante ante la verja

mirando cómo por senderos soñadores

la tarde se desteñía azulada?


¿No era el sabor incipiente de lágrimas contenidas

el que te abrasaba la lengua como si fuera fuego,

cuando por caminos que jamás habías andado

se ponía un sol rojo como la sangre?

YO


Soy forastera en esta tierra que yace

bajo las profundidades del mar apremiante,

el sol se asoma con rayos rizados

y el aire flota entre mis manos.

Me dijeron que nací en cautividad —

que ninguna cara aquí me sería conocida.

¿Soy una piedra que lanzaron hasta el fondo?

¿Soy un fruto demasiado pesado para su rama?

Merodeo a los pies del árbol murmurante,

¿cómo he de trepar por su tronco escurridizo?

En la cima donde tambaleando las copas se unen

quisiera sentarme y otear el humo

que expulsan las chimeneas de mi tierra…

UNA FRANJA DE MAR


Es en una franja de mar

reluciente y gris

al borde del cielo,

cuya pared azul oscuro

parece tierra,

donde mi anhelo reposa

antes de volar a casa.

DIOS


Dios es un lecho en el que descansar y estirarnos hacia el universo

puros como ángeles, los ojos de un azul sagrado y respondiendo

al saludo de las estrellas;

Dios es una almohada en la que apoyar la cabeza, Dios es un soporte para nuestros pies;

Dios es un suministro de fuerza y una oscuridad virginal;

Dios es el alma inmaculada de lo inadvertido y el cuerpo ya

decrépito de lo inimaginado;

Dios es el agua estancada de la eternidad;

Dios es la semilla fértil de la nada y el puñado de cenizas de los

mundos calcinados;

Dios es las miríadas de insectos y el éxtasis de las rosas;

Dios es un columpio vacío entre la nada y el todo;

Dios es una cárcel para todas las almas libres;

Dios es un arpa para la mano más colérica;

¡Dios es lo que el deseo puede hacer bajar a la tierra!

ATARDECERES VIOLETA


Llevo en mí atardeceres violeta desde mis orígenes,

doncellas desnudas jugando con centauros galopantes…

Días de sol amarillos de finas miradas,

sólo los rayos del sol condecoran dignamente el dulce cuerpo de

una mujer…


El hombre no ha venido, jamás ha sido, jamás será…

El hombre es un espejo embustero que la hija del sol lanza

iracunda contra el barranco,

el hombre es una mentira que los blancos niños no entienden,

el hombre es una fruta podrida que los labios orgullosos repudian.


Bellas hermanas, venid hasta las rocas más abruptas,

somos todas guerreras, heroínas, amazonas,

ojos inocentes, frentes celestiales, larvas de rosas,

fuertes marejadas y pájaros revoloteantes,

somos el rojo más inesperado y más profundo,

rayas de tigre, tensas sogas, estrellas sin vértigo.

SUEÑOS INQUIETANTES


Lejos de la felicidad duermo acostada en una isla marina.

La bruma se alza y vuela y los vientos cambian,