En Rem: un portal a otra Dimensión

En Rem: un portal a otra Dimensión

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Pregunta

Era jueves en la tarde, y me encontraba sentada en mi cojín en el piso, con la espalda contra la pared y mirando el atardecer por la ventana como todos los jueves, oyendo la canción de Bruno Mars “Talking to the Moon”, preguntándome ¿qué carajos estoy haciendo yo aquí?

Todos los jueves venía a mi cabeza la misma pregunta a las 6 p.m.: “¿Qué hago yo acá?”. Pregunta que siempre hacía mirando al cielo, como si alguien fuera a caer de la nada y me diera la respuesta. Al mismo tiempo, pensaba que me encantaría que cayera un hombre, aunque después pensaba que sería un poco raro. Acto seguido, me reía de las incoherencias de mi propia conversación. Todos los jueves, ese era mi plan. Hacer una comida para mí, tomarme un vino, preguntar cosas al cielo sin sentido y reírme de mí misma. Al mismo tiempo que me fumaba 10 cigarrillos,

de la ansiedad.

Mis preguntas típicas eran: “¿Quién soy?”, “¿Qué hago aquí?”, “¿Por qué me tocó ser vieja?”. Y siempre pedía respuestas claras y concretas, ya que a veces no entendía cómo funcionaba el mundo.

Llevaba tres meses con el mismo ritual de los jueves, después de una ruptura amorosa por un hombre. Había días en los que me sentaba a llorar por horas, sin entender nada, me había baja- do 10 kilos y fumado miles de cajetillas de cigarrillos. No había querido salir en todo este tiempo, ya que encontraba sin sentido conocer gente nueva, sobre todo hombres, por miedo a repetir la misma historia, la cual había ocurrido tantas veces que sentía que era ya un tema patológico. No sabía manejar la relación con los hombres, siempre era lo mismo: 2 a 4 años de feliz noviazgo y después todo cambiaba y ellos se esfumaban. Pensaba, a veces, que hay quienes nacen con el don para ser novias, esposas y mamás, y yo no era una de ellas, así como tampoco me dieron el don de cocinar ni nada que tuviera que ver con las labores caseras necesarias para ser una buena mujer, según esta sociedad en la que nací. Me dieron el don de escribir, crear empresa y ser fuerte. Era una mujer de estatura promedio, a la que le gusta leer y escribir, hacer ejercicio, ir de compras, ir al cine, vestirse bien, con colecciones interminables de zapatos, carteras, accesorios, maquillaje y libros, con una maravillosa familia y amigos, pero aún algo faltaba. No entendía muy bien mi papel en la sociedad, ya que sentía que no encajaba en la mujer típica escogida por los hombres para ser esposa, ni tampoco en la feminista extrema que no necesita de los hombres. Era fuerte y emprendedora, algo raro

para ser mujer en un mundo machista.

Quería que hubiera algo más, alguna razón más grande que yo misma, algo más grande, más fuerte, pero no sabía qué.

Después de mi plan de reflexión y preguntas me acostaba a dormir.


En un lugar llamado Ser…

—Miguel, otra vez está Pilar haciendo sus preguntas.

—Sí, ya lo sé, todos los jueves las hace, pero recuerda que no podemos intervenir, ella debe encontrar las respuestas sola.

—Miguel, pero me va a enloquecer, al igual que todos los que están en la Tierra. Todos los días recibo miles de preguntas y peticiones sin sentido, y ya estoy cansado. Voy a renunciar a mi puesto de recibidor de peticiones, que alguien más las oiga y reciba. O que baje alguien a explicarle a esta gente, porque no entienden nada.

—Robert, tranquilo, recuerda que es parte del proceso. No puedes intervenir. Recuerda que ya casi van a despertar todos, es parte del proceso.

—Y ¿qué hacemos con Pilar?

—Roberto, avísame cuando ella puntualmente solicite que le enviemos una señal, de lo contrario no estará lista aún.


En un lugar llamado Tierra…

Era viernes, me levanté esa mañana con mucha sed, como si hubiera corrido una de mis carreras. Tomé agua, prendí el televisor en cnn Internacional, como todas las mañanas, hice ejercicio, desayuné y salí a trabajar.

Tuve un día sin ninguna novedad o curiosidad por recordar. En la tarde me escribió un amigo para invitarme a un concierto. Y como no tenía mucho qué hacer decidí asistir, aunque lo pensé mucho ya que conocer gente nueva no era muy de mi agrado, y tenía miedo de salir por no querer encontrarme

a mi exnovio.

Estando en el concierto pasó lo típico que sucede cuando uno conoce gente nueva, me preguntan: “¿Tienes novio?”. Pregunta cuya explicación era aún más complicada, ya que seguía con una depresión increíble… Respondía: “No tengo, gracias. Duré cuatro años viviendo con mi exnovio, un día después de pasar Navidad y Año Nuevo juntos me dejó en mi apartamento (al cual me había mudado sola un mes antes) y me envió un mensaje de texto al whatsApp diciendo “terminamos, no me odies”, sin explicación alguna y perdiendo todas las pertenencias que dejé en su apartamento y su finca. Mi respuesta dejaba sin preguntas adicionales a los que oían la historia, y después me pasaban un trago. Me había convertido en una experta en asustar a los hombres. De hecho, me ponía en el dedo anular un anillo, así pensaban que estaba casada y prevenía, según yo, que se me acercaran. Me tomaba el trago y pensaba que después de todo debía seguir adelante, sin entender por qué me había pasado eso a mí, creía que era una buena persona, fiel, amorosa, amable y con- descendiente. Recuerdo ese día y los meses siguientes como una recuperación de alguien al que lanzan del piso 10, y cae contra el piso de cemento. Sentía que al caer debía recoger pedazo a pedazo todo mi ser y reconstruir mi vida, pero sin plan, orienta-

ción, ni rumbo, sin sentido de vida.

En medio de mi reflexión pasó algo inesperado, que cambia- ría mi vida para siempre.

De la nada, mi amigo Alfi volvió al grupo, y dijo: “Estoy viendo números”. Afirmación que me pareció muy graciosa y curiosa.

—Alfi, ¿qué quieres decir con eso? —le pregunté.

—Cuando veas una secuencia de tres números muy seguido es porque te están mandando un mensaje.

—¿Un mensaje? ¿De dónde?

—Tus ángeles. Googléalo, pon los números y ángeles, y mira que te sale —me dijo.

De forma muy extraña, algo conectó en mi cerebro. Me pregunté por qué mi amigo estaba hablando de ángeles en medio de un concierto de música electrónica.

Me quedé con la curiosidad de su comentario, de hecho había estado viendo mucho el 111, en el reloj de mi celular, en la hora del televisor, y en las placas de los carros. Así que después del concierto a las 3 de la mañana, me senté frente a mi computador. Me reí un poco de mí misma, porque pensé que ahora sí me había llegado la hora, me había enloquecido completamente debido a la ruptura.

Pero no me importó. Digité:

111 ángeles. Enter.

Acto seguido, miles de páginas de mensajes de ángeles y todas concordaban con lo que el 111 quería decir:

“Observa cuidadosamente tus pensamientos, y asegúrate de pensar solamente en lo que deseas, no en lo que no deseas”.

¡Joder! ¿Cómo así? ¿Qué es esto?

Sentí por un momento que alguien me observaba. Cómo era posible que me estuvieran enviando un mensaje de alguna parte del universo, cifrado y no lo hubiera visto antes.

En ese momento algo hizo un clic en mi cerebro. Debía pedir señales que respondieran a mis preguntas de los jueves.

Así que me senté en mi cojín de la ventana, y dije de forma muy clara:

—Mándenme una señal clara para responder a mis preguntas. ¿Quién soy? ¿Qué hago aquí?

Y fue allí donde todo cambió.


En un lugar llamado Ser…

—¡Miguel! Solicitó, Pilar solicitó señales.

—Oh, ¿en serio? —Miguel respiró hondo—. Estamos listos. Pídele a Tete que convoque a una reunión de los Maestros, y que vengan Iris y Atenea.

Se convocó y llevó a cabo la reunión de forma inmediata. Reunión de Maestros.

Allí se reunieron en el lugar de Ser 18 maestros entre los que se encontraban Miguel, el maestro de la Protección; Ana, maestra de las reglas; Atenea, maestra de la Sabiduría; Iris, maestra del poder y disfrute de la vida; y Blanco, maestro del amor in- condicional.

—Gracias a todos por venir. Como saben, llevamos esperando 5.000 millones de memorias en la Tierra para que inicien el paso después del rem. Hemos estado percibiendo que algunos de nuestros enviados han empezado a despertar, y deben ser custodiados y guiados de forma cautelosa para que logren su misión sin que los Zinzer los descubran y vuelvan a dejarlos sin memoria. Así que vamos a solicitar a dos de nuestros guardianes y guerreros que se transporten a una dimensión más cerca de una de nuestras enviadas para su custodia y guarda.

—Miguel, pero ¿no estaría interviniendo en su proceso? Tú sabes que no nos está permitido intervenir —dijo Ana.

—Ana, querida. Iris y yo estamos de acuerdo con Miguel. Deben cuidar a los índigo, de lo contrario no tendrán más tiempo para cumplir su misión. Además no irán a intervenir, sino a apoyar —dijo Atenea.

—Si están todos de acuerdo, escogeremos a los guardianes y guerreros —dijo Miguel.

—De acuerdo —dijeron los presentes.

De la luz se mostraron 42 guardianes y guerreros. Todos destacados por sus habilidades y aptitudes de amor, estrategia, justicia, poder, fortaleza.

Debían ser escogidos 10 de ellos, ya que irían por dúos a apoyar a los cinco enviados. Y tres más, quienes servirían de fuentes entre las dimensiones para comunicarse con los maestros de forma ágil.

Pasaron a entrevista y prueba de habilidades los 42. De allí que fueron seleccionados 13 guardianes y guerreros.

—Guardianes y guerreros, han sido escogidos para la custodia de los cinco enviados índigo: Ellar, Milonio, Ramse, Makat y Joper. Su labor es el cuidado y guía de estos ín- digo. Deberán en todo momento reportar su avance de misión —señaló Miguel.

Dos de los Guardianes fueron convocados a un lado del lugar por Atenea e Iris.

—Dora y Lexus, ustedes estarán a cargo de Ellar —les señaló Atenea.

—Saben que su labor es poder informarse y comunicar. Así que ello depende de ustedes. Deben protegerla a como dé lugar —señaló Iris.

—En misión —respondieron los dos.

—Deben irse. Doy por finalizada la reunión —dijo Miguel.


En un lugar llamado Tierra…

Después de una noche deliciosa, me levanté a hacer ejercicio. Cuando llegó mi entrenador, Tatan, no pude contenerme y le conté lo que me había pasado con los números. Le pareció interesante mi historia, aunque percibí que me miraba un poco raro. Llevábamos tres meses entrenando muy duro, sentía que el ejercicio y el cigarrillo eran las únicas dos cosas que me mantenían en pie. Tatan siempre oía mis quejas sobre lo sucedido con mi exnovio, y varias veces me dijo: “Dale tiempo, en algún momento todo tendrá sentido y te reirás de este momento”. Tiempo, una palabra que me causaba curiosidad, porque no sabía cuánto tiem-

po más debía pasar hasta dejar de pensar en lo sucedido.

De pronto, de la nada me dice:

—Pily, te recomiendo una película que se llama El camino del guerrero.

—¿Y de qué trata? —pregunté.

—Te va a gustar.

Al finalizar la sesión se despidió, con una pequeña sonrisa en la cara, lo que me pareció raro.

No sé por qué razón me quedó sonando la película, así que esa noche aprovechando un sábado de lluvia decidí buscar la película en Netflix. Traje un té de vainilla y unas manzanas verdes con Milo (polvo multivitamínico de chocolate). Me senté en mi sofá café, me puse la cobija de plumas encima. Y puse play.

De repente, sentí que estaba acompañada y que la película

me estaba hablando a mí. Muchas veces había preguntado por qué estaba sola y por qué me había ocurrido lo de mi exnovio. Y de pronto la película me decía:

“No es el destino final, sino el viaje lo que nos hace feliz”. “¿Qué hora es aquí y ahora?”.

Pude sentir diferentes conexiones a nivel cerebral, había algo que me estaban diciendo. No sabía de dónde, pero era de alguna parte. Sentía de forma clara el palpitar de mi corazón. Miraba a los lados, como si hubiera alguien más aquí.

Cuando terminé la película, me dirigí a mi estudio y encontré que tenía varios libros que hablaban de disfrutar el aquí y ahora, de la felicidad, y de la ley de la atracción. Me pareció muy extraño que los tuviera, no recuerdo haberlos comprado. Empecé a ojear uno por uno. Todos tenían en común un tema de energías y pensamientos, y cómo estos dos se interrelacionaban para generar situaciones y hechos en el diario vivir.

Mientras hacía dichas conexiones, una de mis amigas me escribió por WhatsApp:

—Hola, mi Pily, ¿en qué andas? —me dijo Fa.

—Hola, baby. Nada, acá viendo una película más rara y ojeando libros de energía —le dije.

—¿En serio? Cuando quieras te ayudo para que hablemos con tus ángeles —me dijo.

Sentí un fuerte corrientazo. ¿Cómo así que hablar con mis ángeles? Y ¿por qué me están nombrando tanto el tema? Así que, sin pensarlo mucho, le dije.

—De una, ¿cuándo voy?

—¿Puedes el jueves a las 2 de la tarde?

—De una, allá estaré.

Bye, te quiero.

—Lo mismo.

Me pareció muy curioso que fuera el jueves, mi tan amado jueves.

Tuve una semana muy normal. Sin gran diferencia y condiciones climáticas de una ciudad en la que llueve mucho. Aunque para ser sincera, amo la lluvia. Me parece perfecta y me intriga cómo se forma y cae.

El jueves, después de almorzar, tomé mi carrito a quien he bautizado “Coquito”, y nos dirigimos a donde Fa.

Estaba un poco ansiosa por la cita, además no la veía desde hace 3 o 4 años, cuando empecé a salir con mi exnovio.

Timbré en su apartamento. Y abrió la puerta.

Primera respuesta

Entré al apartamento de Fa. Un lugar muy acogedor. Fue muy emocionante vernos, ya que las dos estábamos en momentos de la vida muy diferentes a aquellos en que nos conocimos. Me contó un poco de cómo había llegado a ser canalizadora de los ángeles y había dejado por un tiempo de ser abogada —su profesión—. Y yo todavía un poco descubriendo quién era, y preguntándome por qué me había pasado lo de mi exnovio a mí.

Así que nos dispusimos a hacer la comunicación. Ella me comentó que podía sentirme un poquito rara, porque ellos debían bajar a mi frecuencia para poder comunicarse más fácil, pero me señaló que era normal. Iniciamos con una meditación y de pronto el ambiente cambió, era posible sentir la atmósfera. La presión del ambiente era más grande pero no sofocaba ni molestaba. Era una sensación rara.

En ese momento pude sentir a dos seres. Todo mi cuerpo empezó a picar.

—Tus angelitos te dicen que hay procesos que no has cerrado, y debes hacer unas tareas. También que debes cuidar tus pensamientos y dejar de tener miedo, porque ellos te están acompañando todo el tiempo. Tus angelitos tienen una sola misión, y es protegerte y acompañarte para que logres lo que viniste a hacer en la Tierra.

—¿Cómo así que tengo temas abiertos?

—Cuando hay ciclos abiertos, o temas que uno no ha dejado atrás, muchas situaciones se repiten hasta que uno aprenda.

En ese momento lo entendí como cuando jugaba Nintendo, hasta que no aprendes a no caerte en el hueco y mueres, vuelves a empezar el mundo, hasta que lo logres.

—Me dicen que es exactamente así, como lo estás comparando con el Nintendo.

—¿Cómo así? ¿Pueden leerme la mente?

—Claro. Los pensamientos son energía y ellos son energía. ¿Quieres saber sus colores y nombres?

—Claro.

—Hay una que es más amarillito con rosado, y el otro es azulito. Pero me dicen que tú sabes sus nombres, así que no tengo que dártelos.

—¿Yo? ¿Cómo voy a saber eso? Nunca los he visto.

—El hecho de que no los veas no quiere decir que no existan. Y dicen que les preguntes en el sueño.

Me quedé mirándola. Qué rayos era toda esta información tan rara.

Me dejaron algunas tareas, una de ellas relacionada con hacer un recuento de mi vida, de las relaciones de pareja que había tenido, y de las situaciones particulares que me hubieran marcado, escribiendo todo lo que se viniera a mi cabeza, sin filtro. Después debía hacer una lista de lo aprendido, dar gracias, quemar lo escrito, y sacar las cenizas de mi apartamento.

Al finalizar la lectura, el ambiente cambió nuevamente y volvió todo a la normalidad.

Le di las gracias a Fa por el mensaje, y quedamos de vernos en mi apartamento para hacer allí una limpieza energética, o una armonización de espacios, como ella la llama.

Salí de allí, y me subí a Coquito de nuevo, sentía que tenía mucha información en mi cabeza. De hecho, sentí como si una puerta se hubiera abierto o me hubiera quitado vendas de los ojos, ya que empecé a ver el mundo diferente. Tuve que estar sola esa noche, pues podía sentir más el oxígeno que circulaba en la atmósfera, y veía las caras de las personas con mayor detalle.

Una vez llegué a mi apartamento, me senté en mi cojín junto a la ventana. Reflexioné sobre el tema del miedo, que habían mencionado mis ángeles. Era verdad, siempre sentía miedo por todo. Cuando estaba con mi exnovio, tenía miedo a los caballos, a la velocidad, a estar sola, a los aviones, a caminar por la calle sola, etc. Miedos que ni siquiera tenía antes ni sabía de dónde habían surgido.

Lo curioso era que ahora que sabía que mis dos angelitos estaban conmigo todo el tiempo, ya no me sentía sola. Decidí hablar- les, para lo cual les puse apodos, al azul “el Loco” y a la amarilla “Mona”. Con esto, reflexioné sobre lo que me dijo Fa en la consulta, sobre que su misión “es protegerte y acompañarte para que logres lo que viniste a hacer en la Tierra”. Me causó mucha risa el tema, cómo así que en la Tierra, como si hubiera algo diferente de la Tierra. Y ¿qué vine a hacer a la Tierra? ¿Cuidarme para qué?

Decidí esperar al sábado para hacer las tareas, ya que se me había indicado que debía estar todo el día a solas con ellos dos.

Me fui a dormir con esta nueva información.

El viernes fue un día muy normal, me levanté a la misma hora a hacer ejercicio, y me fui a trabajar. En la noche decidí no hacer nada, pero sí le avisé a mis papás que el sábado iba a apagar el celular porque iba a hacer una limpieza energética. Obvio, pensaron que había enloquecido.

El sábado me desperté tarde, hice el desayuno, unos pancakes

saludables con avena.

Dispuse el espacio para escribir mi historia. Prendí un incienso, me senté en el sofá café, tomé mi esfero negro y empecé a escribir.

En un lugar llamado Ser…

—Maestro Blanco y Miguel, tenemos información de que los Zinzer están planeando una estrategia para realizar una gran recolección del mineral Or, que les hace falta para la finalización de su proyecto del túnel interdimensional.

—¿Cómo que túnel interdimensional? ¿Lograron la construcción? Pero no entiendo, lo último que supimos fue que estaba en planeación, no en construcción. ¿Cómo te llegó la información?

—Nos llegó de los guerreros pleiadanos.

—Avisa a las 3 tribus del hemisferio sur y las 3 del hemisferio norte. Necesitamos una reunión de urgencia, la memoria del universo está en peligro.


En un lugar llamado Tierra…

Anoté como título: “Cronología de eventos en mi vida”. E inicié la redacción sin ningún filtro.

Recuerdo que a los 3 años tenía muchas pesadillas y veía sombras en mi cuarto, recuerdo ir corriendo a la cama de mis papás muy asustada. A los 7 años recuerdo estar llamando a emisoras de radio a opinar sobre el tema político del día. A los 8 años recuerdo tener muchos sueños raros, sueños que se convirtieron en cuentos, los cuales fueron publicados por mis papás cuando tenía 11 años, mi libro se llamó Sueños.

Veía a menudo cosas extrañas y me inventaba mil historias. Re- cuerdo que todas mis amigas del colegio me seguían y creían todo lo que les decía. Aunque muchas cosas eran sin sentido.

A los 13 años recuerdo pedirle a la Virgen María que me ayudara con una situación y de verla manifestada en la realidad a las dos horas, algo que me pareció un milagro.

A los 15 años empecé a preguntarme quién era, lo cual hizo que cambiara la forma de vestirme y verme varias veces, pasando de ser rapera, a candy, entre otras.

Entre los 14 y 16 años fui la organizadora de fiestas y reuniones para mis compañeros del colegio, llevando la tesorería y liderazgo.

A los 16 años conocí a Saca. Un novio, el cual llegaría a poner a prueba quién era. Una persona con un poder increíble para con- vencerme de que no valía nada, que debía seguir órdenes, y que  no podía hablar con la gente sin su permiso y consentimiento. Mediante constante violencia física y psicológica dejé de hablar con mis papás y amigos durante dos años. A punto de no mirar a los ojos a nadie, ni comer ni tomar nada sin su consentimiento. Cuando desobedecía tomaba represalias violentándome   físicamente.

En medio de la oscuridad de la relación mis padres deciden enviarme fuera del país en las vacaciones. Y es allí donde volví a ver la luz y renací. Hice nuevos amigos y recordé quién era. Volví a mi país con fuerza para terminar la relación, y lo logré con la ayuda de Nick, quien me apoyó y acompañó en el proceso, de quien me enamoré perdidamente.

Nick y yo tuvimos una relación llena de amistad y amor, pero el destino tenía otro camino para los dos. En el segundo año de relación entró a prestar servicio militar y se enfermó, por lo que no me fue posible volverlo a ver. De ahí que caí en una profunda de- presión y rebeldía con la vida, por lo que decidí vivir en la rumba, la fiesta y el alcohol para no pensar mucho.

Adicionalmente, en esa Semana Santa leí el libro El Código Da Vinci, novela que me generó mil preguntas sobre el papel de las mujeres en la historia. No entendía por qué Jesús había sido hombre y no mujer, al igual que los apóstoles. Sentía que había algo que no me estaban contando. Sentía que el mundo estaba en mi contra.

A los 19 años salía de fiesta cada vez que podía, me emborrachaba hasta quedar inconsciente para olvidar lo vivido. Me enfermé pero seguí saliendo, sin rumbo y finalidad. Hasta que un día en medio de la fiesta pesada, y de tomarme una botella completa de licor, me subí a una mesa a bailar. La mesa se volteó y caí.   Mi cara golpeó contra una silla de madera rompiéndome la nariz  y la piel de la cara.

Recuerdo ver a todos llenos de escandalosa sangre, y pensar: “Ah… no pasó nada, el tabique está bien”, seguido de un desmayo. Al día siguiente me levanté por los gritos de mis amigas al verme la cara. Corrí al baño y me di cuenta de lo que había  ocurrido.

Mi cara estaba completamente destrozada. Y pensé: “Esta es la cara que le estás dando al mundo”.

Sin conocer el mundo de las señales, supe que lo era.

Decidí que quería que mi vida fuera diferente, que me había perdido, y que debía recuperarme. Así que empecé a escribir nuevamente. A los 20 años escribí una historia llamada Una ferocidad de cuento, que ganó un premio en dinero. Decidí que con ese dinero iba a mandar a hacer unas bibliotecas y que recolectaría libros para regalar a niños de escasos recursos. En medio de esta idea conocí a Mike, James y Edw. Con ellos empecé a ir a los hospitales a visitar a los niños con cáncer, a llevarles regalos y hacerles la vida feliz. De pronto, nos dimos cuenta de que estos niños tenían sueños, y que era nuestra misión hacer esos sueños realidad. Así que eso hicimos. De allí nació la Fundación con la que cumplimos sueños a niños con cáncer, y con la cual dimos clase a niños de escasos

recursos en lugares lejanos de la ciudad.

En medio de las múltiples actividades, conocí a un hombre con el poder de la palabra. Rápidamente caí en las redes de sus palabras. Estuve 8 meses en una relación con él, pero terminó llevándose millones de pesos de la fundación. Sentí en ese momento que no podría confiar en la gente, y que nuevamente los hombres estaban en mi contra. Empecé a sentir varios ataques de estrés, que generaron que me desmayara conduciendo el carro, y sin entender por qué me estaba pasando eso, me fui a estudiar fuera del  país.

Alejándome o huyendo del pasado. Estando fuera conocí a un ser puro de corazón, Matt, quien me devolvió mi corazón al cuerpo. Escribió varias canciones para mí y me hizo creer nuevamente en el amor.

Nuevamente con fuerza, volví a mi ciudad. Esta vez decidí aprender un idioma yo sola, francés, así que cogí una sentencia de la Corte Europea de Derechos Humanos y fui traduciendo palabra por palabra con el diccionario que tenía, ya que en esa época no existía el traductor de Google.

A los 24 años conocí a Mateo. Este era un hombre muy apuesto, con la cara y cuerpo perfectos. No tardé mucho en enamorarme de él. Duramos en una relación muy linda y tranquila 7 meses, hasta que él debió irse del país. Él y su mejor amigo Armando, se convirtieron en mis mejores amigos y consejeros en materia de chicos.

Una vez terminé la universidad entré a trabajar a un Banco, sin tener claro el rumbo concreto de lo que quería hacer con mi vida   y sin conocer mi misión, eso sí, con ganas de tener experiencia laboral, o eso creía yo.

Allí conocí a Andy. Recuerdo el primer día en que lo vi, fue como si estuviéramos destinados a estar juntos. Hoy entiendo que él cumpliría una labor muy importante en mi vida. Nos conocimos en el Banco, pero nos enamoramos en París, cuidad del amor, a donde él fue a buscarme. Tuvimos en una relación muy linda y feliz al inicio, en medio de una fuerte amistad, que parecía inquebrantable.

Al pasar el tiempo se tornó en una relación dura, pues en me- dio de sus cambios de actitud, sus múltiples personalidades, y los problemas familiares que lo rodeaban, yo era la salida fácil de ese mundo. Pero, después empecé a ser un problema más para él, ya que yo quería ver la vida desde un lado positivo todo el tiempo, y él había caído en las aguas de la queja y crítica constantes, la vía más fácil cuando no se quieren tomar decisiones trascendentales en la vida. Varias veces fue muy violento conmigo de forma psicológica, y no fui capaz de decir nada al respecto, hasta que un día terminó todo de repente, sin aviso ni explicación, solo las señales de la vida. Caí en una profunda depresión sin que nadie lo notara. Sentía que nuevamente me había equivocado.

Al finalizar la carta pude trazar los diferentes puntos y conexiones de mi vida que me estaban llevando a un lugar muy particular en este momento de mi existencia, ahora y acá me encontraba escribiendo una carta a petición de “mis” ángeles.


“Aprendizaje de los eventos en mi vida”.

De los eventos pasados tengo que decir que entiendo que siempre he visto cosas que las demás personas no ven. Y he hecho cosas extraordinarias, pero al mismo tiempo he puesto a los demás por encima de mi propio querer.

Siento que varias veces he estado en la oscuridad, y de repente he vuelto a la luz. Pero, en medio de la oscuridad de la situación he adquirido herramientas que me han servido en otro tramo de la vida. Siento que lo más importante que he aprendido es que uno no puede cambiar a nadie, la gente cambia por sí misma, para sí misma,

y en ese tratar de salvarlos y cambiarlos me han cambiado a mí.

Y que estoy hecha para algo más grande, aunque no estoy segura todavía para qué.

fin.

Después de finalizar las cartas las quemé, diciendo en voz alta “lo siento, perdón, gracias, te amo”. No sé por qué dije esas palabras, pero fue lo primero que vino a mi cabeza.

Acto seguido saqué las cenizas del apartamento como me lo habían solicitado.

De repente vinieron a mi cabeza un sinnúmero de frases y títulos de libros. Anoté todo lo que venía a mi mente y me organicé para explorar toda la información que sentí que me estaban enviando.


En un lugar llamado Ser…

Los maestros y diosas de Ursa, Pegasus, Cygnus del Norte y Cetus, Scorpius, Vela del Sur en representación de sus tribus y mensajeros de otros reinos acudieron al llamado de Miguel.

La mesa mostraba el mapa de las dimensiones y galaxias asociadas.

—Los hemos convocado de forma urgente, ya que hemos tenido información de los guerreros pleiadanos, quienes nos cuentan que los Zinzer están recolectando el mineral Or en la Tierra, con el cual planean realizar un túnel inter- dimensional —dijo Miguel.

—Kasus, tómate en serio la reunión —señaló Vik, diosa de Vela, indignada.

Vik lo miró de reojo muy seria.

—Estás celosa, mi Cila hermosa, tengo amor también para ti —dijo Kasus.

—Mi estimado Miguel, amigos y señoras, nosotros hemos estado haciendo algunas investigaciones en la materia.

—¿Eso querría decir que todo el tiempo que hemos estado esperando a que los seres que están en la Tierra recuerden nuevamente su misión, podría perderse o que nunca despertarán? —preguntó Pekt, maestro de Pegasus.

—Miguel, ¿cuál es el plan? —preguntó Cun, maestro de Cygnus.

—Pues bajemos. Yo me pido ser quien despierte a la hermosura de Ellar —señaló Kasus.

—Nosotros ya enviamos a 13 guardianes y guerreros para el cuidado y custodia de los 5 enviados —señaló Roberto.

—Y ¿si utilizamos los canales de las otras dimensiones en las que hoy se encuentran y que ya estén avanzados en información?

—señaló Uma.

—Por fin un comentario pasable de tu parte —señaló Vik.

¿Están todos de acuerdo?

—Una tera.

—Nos veremos en una tera nuevamente —cerró Miguel la reunión.